La escritura fue el resultado de un proceso lento de evolución con diversos pasos: imágenes que reproducían objetos cotidianos (pictografía); representación mediante símbolos (ideografía); y la reproducción de sílabas y letras.

Estos textos servían principalmente a causas institucionales , era la obra de funcionarios civiles o militares.​ Desde Confucio en adelante (551-479 a.

C.) los libros se convirtieron en importantes instrumentos de aprendizaje, se escribieron tratados de filosofía, medicina, astronomía y cartografía.

La mayoría de las veces era el narrador (rapsoda, aeda, juglar) quien en función de sus intereses la deformaba de una u otra forma.

Cuando los sistemas de escritura fueron inventados en las antiguas civilizaciones, el hombre utilizó diversos soportes de escritura: tablillas de arcilla, ostracon, placas de hueso o marfil, tablas de madera, papiros, tablillas enceradas, planchas de plomo, pieles curtidas, etc.

Los orígenes de la historia del libro se remontan a las primeras manifestaciones pictóricas de nuestros antepasados, la pintura rupestre del hombre del paleolítico.

Con un simbolismo, posiblemente cargado de significados mágicos, estas pinturas muestran animales, cacerías y otras escenas cotidianas del entorno natural del hombre antiguo, que trataba de dominar las fuerzas adversas de la naturaleza capturando su esencia mediante su representación.

La palabra hablada es la manera más antigua de contar historias.

Mediante fórmulas de valor mnemotécnico​ se estructuraban narraciones, que pasaban de generación en generación como valiosa herencia cultural de los más diversos grupos humanos.

También se le atribuye la creación de una mesa giratoria para guardar los caracteres, esta técnica se llamaba tipografía tablearia.